El Perdedor de Pajares (Capítulo 4, III)

Parador de Pajares El Parador de Pajares, uno de los primeros que se construyó en España, tuvo sus días de gloria, fue símbolo y referencia del turismo en Asturias, tanto del que esquiaba como del que buscaba otras emociones, o simplemente circulaba de paso o se quedaba a esperar que apaciguara el mal tiempo. Mucho sabrán y habrán visto sus paredes y estancias pero ahora no tiene a quién contárselo. Como parece que nadie se decide a refundarlo y explotar sus posibilidades, desde hace unos años ejerce de testigo solitario y juega a aparecerse a lo que circula por su campo visual, como si se tratara del campo de gravedad de un asteroide a la deriva, que te atrae y no sabes bien qué, cómo ni por qué. No habíamos cruzado a Asturias y ya lo divisábamos por primera vez, altivo y señorial; poco después, iniciando el descenso por los valles, nos lo encontrábamos ya por encima de nosotros, apostado en su atalaya privilegiada. Y así hasta varias veces más, alguno creo que lo sigue viendo todos los días. Y sí, posiblemente su influjo terminó por tocarle el ala a alguien. Ese mismo día sin ir más lejos.

El recorrido del día combina subida y bajada, pero repartida en dosis brutales. Y poco más allá de la pista de frenada, donde habíamos tomado respiro por última vez, nos encontramos un kilómetro -¿sólo fue uno?- de puro slalom y sincero dolor por esas pedrerías deslavazadas que en su tiempo se llamaron calzadas romanas. Que dicen tan bien hechas y bien conservadas. Hay a quien ya le están tocando las narices y las articulaciones estos ejercicios de burro bajamontes, y muy independiente él, decide acelerar la marcha. Al encontrar por fin una pista llana se tira a por ella, mete ritmo a discreción. Se emociona. Se gusta. Y no se encomienda a nada ni a nadie. Aproximadamente una hora más tarde se verá desandando ese mismo camino, hasta justo donde había tomado la pista de marras. Allí se había comido la señal más grande de toda la etapa, que encima era doble. A su ceguera se sumó la mala suerte de, quizás por muy poco, no tener nadie a la vista por delante; la muy mala suerte de que, quizás por muy poco, nadie por detrás le viera a él colarse. Aquella fue zona de caza de osos, bien podría haber alegado que se fue a ver si pillaba alguno. Pero cuando llegue a destino, más bien se parecerá al del chiste aquel, que llega ensangrentado, la ropa hecha girones y cubierto de pelos, y profiere: “¿ahora a quién hay que matar?”. Mientras no fue consciente de su destino, disfrutó de un paisaje memorable, ese hayedo de Valgrande bordeado por esas laderas. Pero cuando creyó ver de nuevo la carretera que teóricamente demostraba que estaba en la dirección correcta… era la de la autovía, sí, la que pasa por el túnel y es de peaje, que no la toman los camioneros por no pagarlo de su bolsillo y se lanzan a lo que Dios quiera por el puerto. Por si la etapa tenía poco, se había metido unos 7 km de propina. Para arreglar las cosas se estaba nublando.

Porque el verdadero bajón llega cuando, encontrada por fin la señal que le devolvía al buen redil, advierte que todavía le restan 5km más de soledad hasta Pajares. De subida cándida y por buena pista, sí, pero qué verdad es que la cabeza determina las fuerzas que uno tiene. Y lo que hace una hora fuera euforia, ahora es completo desánimo. Intenta tomárselo con tranquilidad, llegaremos cuando lleguemos, pero cuando vas con la cantimplora en la mano en vez de llevarla debidamente acomodada en la mochila, es que ya te falta de todo. En un momento de lucidez, se para y se admira de divisar, allá tan arribota, las mismas torretas que jalonaban el paso por la cima de la Gobia, donde se nos presentaron por primera vez estos valles. Unos metros más adelante vuelve a levantar la vista… y el inefable Parador-Perdedor. A tiro ya el pueblo, todavía tendrá que pasar bajo otra hilera de cables de aire frito. Lo que le faltaba para comerle aún más la moral.

Días después, en este mismo blog, el Mariscal me dedicaba estas líneas que agradecí sinceramente: “Un camino termina siendo un verdadero camino cuando te pierdes y haces esos kilómetros de bonificación que decimos. Yo me perdí en los primeros que hice y vas poco a poco quedándote más con la imagen de esas flechas o conchas que has dejado atrás y cobras un nuevo sentido para verlas donde otros no la ven, pura supervivencia”. Porque sí, fui yo el tonto del haba que se perdió. ¿Alguien lo dudaba?

Pajares lo tiene todo para ser un pueblo de leyenda. Como el parador, vivió sus años de vino, rosas y otras flores de licor. Lugar de paso, de cruces de vidas y de miradas, seguramente de pasiones confesadas o no. Cinco bares había, toda una fiesta para un universo tan pequeño. Pero parece que ya no son tiempos para aquella lírica. Ahora queda el albergue, que hace las veces de bar, club social, cibercafé, salón de televisión, dominó, bingo… Y “puédese fumar” en su interior, que no todo iban a ser desdichas. Allí pasaríamos una reparadora tarde muy de pueblo de montaña con mal tiempo. Porque la cosa amenazaba con ponerse fina. Allí sentado, escribiendo este post todavía en caliente; allí sentado, viendo a los sub 17 ganarse otra Europa; los cuádriceps cuadrados y el picor de las heridas te mantienen consciente de lo vivido. Sí, el día que nos habíamos sentido agredidos, atrapados y finalmente perdidos. Nunca vamos a olvidarlo. Porque con lo demás y con todo, ¡qué gran día fue!

Salvador, hoy también hemos podido. Pero cómo…

Pajares, el pueblo

5 Comments

  1. Aquel dia lo recuerdo bien chulo, pero se demostró que un camino llevadero puede convertitse en una pesadilla. Las brañas, un pastor electrico, perderse, una tormenta inesperada, la traicionera niebla, una torcedura, un bicho cabrón, un hierro que se te clava, mil cosas que te pasan seguro si caminas años y años. Por eso hay que ir siempre atento, llevar de todo lo nececesario para imprevistos, intentar ir en grupo, llevar un móvil, mirar el tiempo el dia antes, etc. Los dias malos enseñan mucho y mejor perderse en un sitio llano, si peligro y con buen tiempo. Algo es algo.
    Mencionar que, como compañeros capullos que somos, la tragedia del dia no fue perder al bloguer sino descubrir al llegar al albergue que no había cerveza con alcohol ni comida. Ese Antonio Arauz bebiendose un acuarius no se olvidará. Y esa vecina, jefa del albergue, que nos hizo arroz a la cubana con huevos y jamón de comida y filetes empanados de cena y nos trajo mahou fresquita, pues para ponerla un monumento en nuestra memoria. Ese tambien es el camino, el de los imprevistos y las buenas gentes que te ayudan.

  2. Sí Vicente, chapó a esa mujer, creo que se llama Marisa, que sabiendo que lo único que hay en el pueblo es el albergue, prepara comida y cena e intenta que podamos bebernos algo fresquito y no te clavan como pasan en otros albergues, que te ponen unos macarrones y te cobran 10 ó 20 euros.
    El día tenía que acabar así. Después de descansar en la pista de frenado comenzamos ese descenso y comenzamos a formar grupos, delante íbamos un servidor y Florencio, y detrás venía Enrique y detrás de él vosotors. Florencio y yo llevábamos un buen ritmo y a mi me iba mosqueando dos cosas, que de nuevo se veía el parador tal como lo dejamos antes de bajar y que de repente Enrique ya no venía detrás. Y se confirmó mi temor couando apareceis vosotros tres y todos nos preguntamos por Enrique.
    Varias llamadas para ver por donde andaba hasta que se da cuenta que no ha visto las conchas mejor puestas de todo el camino, como iría mi primo. Imagínate Enrique en el año 93 cuando eso de los móviles era ciencia ficción, a saber donde hubieras acabado. Por eso ahora el camino, como dice un colega mío, está amariconao, por muchas cuestas que haya y se pierda uno cien veces.
    Una vez repuesta la marcha y creyendo que Enrique ha cogido ya la buena, llegamos a Pajares. Aquí vino otra, que no había cerveza de la buena, es decir, con alcohol, y el Antonio quería coger un taxi e irse a la primera barra que encontrara. Al final después de una buena ducha y una buena San Miguel 0.0 nos relajamos, y nos comimos ese arroz a la cubana.
    Antes por supuesto llegó nuestro Enrique con la cantimplora en la mano, que por no ver no vió ni la fuente que había en medio del pueblo y donde hubiera remiojado el gaznate a gusto. Ayyyyyyys, que hay que ir un poco más pendiente y no tan loco que esto no es una competición. Si dura más, petas, te lo digo, y si no preguntáselo a Paco Pastel.

    1. Ese Paco Pastel que grandes recuerdos…… esos acelerones subiendo cuestonas a toda leche para pillar al peregrino de delante…… que grande el tío….. claro que cada acelerón, cada pique, cada subida a bloque, cada minuto que no descansas en la siesta, cada copita de mas, cada kilito de más (mea culpa…) pues se paga……. y al final salen las tendiditis, los dolores de todo tipo, el cansancio y la paliza en todo el cuerpo, etc, etc…… Pero Paco Pastel era mucho Paco Pastel con tendiditis y todo….. a ver si vuelve al camino algún año de estos…… y nos da unos diitas muy buenos…..

  3. Apunto un dato más: yo entraba por la parte de atrás del pueblo, quizás por eso no vi la fuente. Entonces paso por una casa donde se veía a una señora cocinando, y de pronto sale y me pregunta: “entonces ¿cuántos vais a ser a comer, cinco o seis?”. Como si me conociera de toda la vida. Era Marisa. Y claro, viéndome era fácil que supiera de dónde, cómo y adónde iba. Luego, después de comer, y mientras apuraba un cubata, le di todos los datos de los que éramos para su registro de peregrinos. Los que me sabía, claro, y lo que no se podía confesar me lo callé. Al día siguiente la vimos en Pola de Lena. Seguramente iba a hacer la compra para la siguiente remesa de caminantes.

  4. A decir verdad ya tenía un punto de mosqueo, hacía rato que no veía ni una flecha, la pista se me hacía muy larga, los de verde, que habían psado a toda leche justo al llegar yo al cruce, no hacían acto de presencía para preguntarles…. que cuando os ví respiré. El buen hacer de Marisa, para agradecerselo.La nota negativa, ¿ os acordais que nos pidieron que dejasemos las mesas libres a las 22.30? que alguna de aquellas jóvenes que despues vimos hubiera cantado ¡ BINGO! a las dos de la madrugada, cosa que no ocurrio. No se si alguno se dió cuenta que, cuando estabamos hablando del simpatico del pastor electrico,alguno de la mesa del fondo nos miró con cara poco amistosa.

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