El Zumbar del Barril (Capítulo 2)

De estas romerías siempre se aprende algo, y esta vez la lección consiste en que en León no se desayuna. Al menos a la hora que pretendemos. Si tienes 28 km de caminata por delante, habrá que tirar de las reservas de la noche anterior. Si alguno se niega –que me muero, que yo necesito comeeeeer….- queda el recurso de un hotel madrugador que ya está preparando los zumos y tomamos literariamente (más que literalmente) al asalto.

El Salvador, camino 2011 028Cientos de peregrinos enfilan ya su ruta, y al pasar por San Marcos van cuatro y se desvían ¿pero adónde váaais? Identifiquemos a esos cuatro individuos por el método C.S.I y así ya los conocéis para el resto de la historia: son el Mariscal Etañovich con su palo de 1993; el Licenciado O’gaitas con sus flamantes bastones 2.0; Zuara de los Bonitos, provisto de todos los ungüentos y linimentos para cualquier eventualidad; y Ognímodo Tabauskas, un servidor, con su cartón de LM, que lo del año pasado no se va a repetir, no siempre va a haber un Pejanda providencial. A todo esto, el famoso Hostal tendrá lo suyo pero casi se queda ínfimo junto al macroedificio de la Delegación Territorial del Gobierno de Castilla y León. ¿Quién ha dicho despilfarro en las CCAA? ¿Y quién ha dicho ostentación, no será por esas casotas, bien llamadas de juropordios, que presiden los primeros tramos de la ruta? El perfil de esta primera etapa se revela llano en los papeles, todo recto bordeando el Bernesga. Los primeros kilómetros resultan de un andar un poco simple, la verdad, por esos derroteros indefinidos donde aquello va dejando de ser ciudad. Habrá que darle algo de emoción, para eso llevamos una cantimplora mal cerrada que lo empapa casi tó. Y demasiado terreno para pensar, entonces afloran las dudas, esa rozadura, esa axila, huy que así me aprieta la correa aquí, ay el dedito meñique del pie… mariconadas varias mientras se va ondulando esa estepa castellano-leonesa, esas lomas y esos montañones al fondo, a ver si llegan y nos quitamos la tontería de una vez. El perfil de la etapa llano, sí, empezamos a descubrir que los gráficos de altimetría del Camino han sido diseñados por el prestigioso cartógrafo anglo-finés Oletusko Jones, que debe ser muy amigo por cierto del arquitecto Calatrava. A los 7km, dejando Carbajal de la Lengua, muere ese híbrido de carretetera-calle al que nos habíamos acomodado y empieza el camino de verdad. 10 km de tierra y rompe, sube, tira, aguanta, precipita y derrapa. Dos horitas para empezar a enterarnos de qué va esto. Al principio se nota que hay ganas de andar, echan humo esas botas, se patea con ansia, se imprime ritmo con ilusión. Pero en un momento dado al mariscal le hace intención de dimitir el palo, olvidado opta por quedarse junto a un arbolillo, que desde 1993 ya ni se acordaba de cómo era esto, pero aquí nadie tiene licencia para borrarse, al menos todavía; a Tabauskas le chirrían los cuádriceps después de dos bajadas desaforadas. El Sol es de confesionario y a más de uno le visita, por primera vez este año, la clásica pregunta: ¿Pero qué hago yo aquí? Hemos roto a sudar y de lo lindo, y cuando aún no sabemos cuánto más va a durar esta tortura de bienvenida, Zuara atina con la frase del día, las que nos iba a devolver la moral a su buen sitio. A la vista de unas casas, cual los hermanos Pinzón en la Santamaría, profiere: ya oigo el zumbar del barril (1). ¿El zumbar del barril? Sí, EL ZUMBAR DEL BARRIL. Era lo que todos necesitábamos. Y no puede faltar mucho. Pues más de lo que nos creíamos porque todavía nos vamos a pasar tres pueblos. El primero es Cabanillas donde, preguntado a una señora por el bar, se encoge de hombros. “Pues yo creo que bar no hay por aquí”. Me dan ganas de decirle “pero señora, ¿y entonces de dónde viene su marido todas las noches borracho?” Me contengo, no perdamos las formas. Eso sí, hay una fuente bien fresquita y ahí no hay formas que valgan. Creo que la dejamos como un bacalao. El segundo es La Seca (joer con el nombrecito a estas horas), hasta allí son 2,7 km más bien llanos y por bosque, y están en fiestas. Pero como somos profesionales y no nos van los saraos (:-O), aguantamos 3 km más hasta Cascantes, que es el tercero, y de ahí ya no pasamos. Sí, allí hay un magnífico Bar Esteban, desde ese día propuesto para ingresar en el Hall of Fame de Mahou. Con la excusa de ver los entrenamientos de la F1, nos vamos a quedar un buen rato. Y encima nos sellan la carta de peregrino y nos dan un pin. Esto nos arregló el día. Las cervezas digo, no el pin. Los 6 km que faltan hasta La Robla, final de etapa, son por arcén de carretera y los hacemos con la gorra. Claro, que pega el sol. Claro, si íbamos dopados.

La Robla es un pueblo grande que vive entre la central térmica, una fábrica de cemento y un lavadero –que no mina- de carbón. Como es fin de semana, ignoro su actividad en un día normal, pero se nota vida, comercio, bares, supermercados. Y una nutrida fauna si nos atenemos a la publicidad del circo que para por allí: dromedario, tigre, elefante, camello, búfalo… y perros, hasta 30 ejemplares en total. De vacas no dice nada, pero la cecina está en su punto por cortesía y hábil gestión de O’gaitas. En anocheciendo empieza a bajar un viento avisador que empuja nubecillas a velocidad de bólido, claro, van cuesta abajo, o eso nos parece. Es mi primera noche de albergue, el mariscal ordena cerrar las puertas y todos a la cama, serán las 10.30h, ni en los mejores días de mi infancia. Me costará ganar el sueño pero no hay más opción y además es necesario. Lo de mañana no va a ir en broma, empieza la montaña de verdad. Lo que empieza por ahora es el zumbar… de las laringes. ¿Pero qué hago yo aquí?

(1) Quizás dijo “zumbido”, no estoy seguro, pero aquí he optado por “zumbar”, que se me antoja más literario.

3 Comments

  1. Pues providencial el hambre mañanera y desaforada de Tabauskas ya que los demás hubiésemos seguido sin desayunar y verdaderamente no había nada abierto hasta el bar de las cervezas….. 6 horas después….. mucha tela sin meterse nada a la boca……… La señora del Bar Esteban para darla un par de besos….. esa cervecita rica, esas tapitas y ese pin del camino que nos acompañó y nos dio suerte…….. y Ole los cojones del cicliesta que en la peor cuesta de tierra que casi no se podía subir andando (yo si gracias al motor de mis bastones 2.0) se la subió pedaleando y con una habilidad admirable…… iba dopao seguro….. Y no olvidemos el vino Tilenus que acompañó a la cecina…… im presionante….. y nos costó de chiste la merienda…… es lo que tiene salir de Madrid

  2. Doy fé que no había nada que llevarse al vacío estomago. Aunque los que pernoctamos en las Benedictinas ( lease en el refugio que ellas regentan )pudimos hacer algo por la vida a temprana hora. Es de justicia reseñar que el albergue de La Robla es nuevo, bien equipado y limpio. Y, en el bar del parque, te atienden bien.

  3. Muy buenas a todos, aquí el Mariscal del ärea recién aterrizado y poniéndome al día de todo, de trabajo y de mensajes varios.
    Desde luego que el Quindós nos salvó, pero es algo que desde que hice mi primer camino allá por el 93 (igual que los palos) lo de tener los bares abiertos tempranos por esos lares como que no. Ellos se lo pierden (y nosotros) con las buenas tostás que pueden hacer con esos panes.
    La etapa de lujo como todas, con sus cosas como tiene que ser. Y esos pueblos que tienen pero que luego no tienen bares, pero tienen su fuente que algo es algo. Y por supuesto siempre nos quedará Cascantes.
    Y estoy de acuerdo con Carlos, mención especial al bar del parque donde el albergue y a la chavala que lo lleva, un encanto.
    Era el zumbido del barril.
    La Robla, muy bonito, patrimonio de la humanidad. Seguiremos leyendo.

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