Hace unas semanas publicábamos el primer post de esta serie que prometía ser de dos. Habíamos decidido abordar Las distancias cortas de la Comunicación, ese escenario crítico donde un buen PR “se la juega”. Habíamos incidido en las prácticas recomendables a la hora de gestionar estas situaciones desde la vertiente de reportar al cliente/jefe. Faltaba la otra cara de la moneda, la interacción con el periodista al que queremos proponer ese tema que le dé cobertura y lustre a nuestro representado. Y aquí vamos. Y como advertíamos la otra vez, le llamamos “periodista” para simplificar, porque este tipo de gestiones puede realizarse con otros entes y personas que no pertenezcan estrictamente los medios de comunicación, como analistas, representantes de instituciones o influenciadores de cualquier índole. Pues manos a la obra, vas a contactar con tu periodista elegido y debes tener en cuenta:
Honestidad ante todo. Tanto él como tú estáis haciendo vuestro trabajo, cada uno en vuestro papel. Has de respetar a tu interlocutor y saberte respetado por él.
El periodista no está esperando tu llamada. Tiene otras cosas que atender, llamadas que hacer, eventos que cubrir, cierres… Tú también tienes muchas más cosas que hacer, pero al fin y al cabo eres el que está planificando cuándo hacer la llamada. Por eso, en la medida que puedas, elige bien el momento. Cuanto más le conozcas, mejor sabrás cuándo le puedes encontrar en mejor situación. Tenlo en cuenta. Al fin y al cabo, cuanto más cómodo se sienta en la conversación, más posibilidades tienes de que entienda y reciba de mejor grado lo que le quieres transmitir. Si le notas alterado por lo que sea, sugiérele llamarle en otro momento. Y si es él quien te lo ruega, por favor, hazle caso.
El periodista no está para hacerte un favor ni viceversa. Está para hacer su trabajo de la mejor manera, si lo que tú le ofreces le ayuda, mejor para los dos. Pero aquí no se funciona por compasiones ni por amistades. Te puedes llegar a hacer muy amigo del periodista, o serlo ya de antes, pero eso no puede condicionar las decisiones de uno ni de otro –la tuya de elegirle, la suya de aceptar lo que le propones.
Preocúpate de lo que le interesa. Muchas veces lo mismo no vale para todos por igual. En función del asunto que tengas entre manos, te toca saber a qué medio y/o a qué periodista dentro del medio le puede encajar mejor. A uno le priva el dato, a otro el personaje, a otro el aspecto humano o a otro el morbo que puede contener la historia. Si quieres dirigirte expresamente a ese medio o a ese periodista “deseado”, ocúpate en buscar el ángulo, el enfoque que más le pueda seducir. Recuerda: tú buscas una buena cobertura para tu cliente; él busca un buen artículo con el que “sacar nota”. A veces hasta pueden coincidir ambos mundos. Creatividad pues. Pero claro, sin forzar demasiado.
La credibilidad te la ganas día a día. Si una vez le has vendido una “moto infumable”, habrás obtenido una victoria puntual con ese periodista, pero posiblemente sea la última. Cuentes lo que le cuentes, has de creértelo tú primero. Es la manera de construir una relación más sólida que te facilite la entrada en futuras ocasiones. Si lo haces pero que muy bien, es posible que al final, en ciertos casos, termines vendiendo tanto o más por ti que por lo que realmente vendas.
El periodista no es un juez que vaya a juzgar tu trabajo ni a tu cliente. Normalmente te “comprará” o no la historia en función de lo objetivamente interesante que la encuentre para su audiencia, no atendiendo a otros intereses o devociones. Por lo tanto, tranquilízate y no te dejes llevar por el “miedo escénico” cuando vayas a llamarle. Aunque se trate de la mayor estrella del firmamento periodístico. Dótate de argumentos y sé tú, no engoles la voz ni te pongas “estupendo” ni dramático. Pero que se te oiga y entienda.
En línea parecida al anterior, no vayas de listo ni de víctima. No te frotes las manos pensando que le vas a dar el “notición”, ya que su perspectiva puede ser –de hecho casi siempre es- muy diferente a la tuya. Pero tampoco vayas intimidado, si tú te estás creyendo la historia, cuéntasela tal como tú te la crees, sin adornos ni paños calientes ni voces trémulas. A él le toca escucharte, sopesar y decidir.
No seas coñazo. Si ya te ha confirmado que va a hacer el reportaje que le propones (1), limítate a cerrar las citas convenidas y a facilitarle todo lo que necesite para hacer su trabajo. Pero ello no implica necesariamente estar llamándole cada dos por tres. Y si te ha dicho que no, déjale tranquilo y a otra cosa. Siempre puede haber un plan B… con otro.
(1) Y que tampoco note, al otro lado del teléfono, cómo agitas los puños y desorbitas la mirada como si acabaras de marcar un gol en una final. Por favor…
Estas máximas –o mínimas- se pueden resumir en dos: 1. Respeto por el trabajo de cada uno y 2. Si tú también eres periodista, lo entenderás mucho mejor.
P.D. La foto elegida para este post es simple metáfora. Ni nos consta ni figura en ningún manual que sean precisos estos tipos de approach. Luego, allá cada un@. Los estilos son intransferibles…
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