¿Lo del PR? Si son tres llamadas…

Three calls

 

 

 

Uno de los típicos argumentos que esgrimen las empresas para regatear y escatimar méritos, y sobre todo presupuestos, a los profesionales de la comunicación es que, total, su labor a lo largo de un proyecto o en el desarrollo de una campaña se reduce a “tres llamadas”. Dicho esto en tono más bien despectivo. O del todo despectivo. Eso podría hacerlo mi secretaria, incluso yo si tuviera tiempo, piensan no pocos directivos. No hace falta aquí explicar ni extenderse en demostrar que el trabajo de un PR (trátese de agencia, profesional independiente o director de comunicación) abarca mucho más que esas “tres llamadas”. Eso lo saben hasta los que nos niegan el pan y la sal. Pero claro, reconocerlo significaría plegarse a nuestras demandas y tener que hacer cuentas, que ya se gasta mucho la empresa en la consultora que mensualmente le pasa una factura de 30.000 pavos (en concepto de “servicios de asesoría mes tal”) para decirle que todo va bien pero necesitan seguir asesorándose; en la agencia de marketing directo que le sangra por un “ambicioso” mailing –certeramente enviado a las papeleras de los principales business decision makers y fundamentalmente de sus secretarias- y en una macro campaña en medios –entre la creatividad y la central de medios se han cepillado el 80% del presupuesto de marketing para un spot cuya mayor audiencia la obtuvo cuando fue proyectado en la sala de reuniones con presencia obligada de todo el personal de la compañía y todos salieron coreando al unísono “fascinante” “impactante” “de-fi-ni-ti-vo” bien alto para que lo escuchara el director general. Entonces lo del PR son “tres llamadas”. Bien, supongamos que aceptamos este pulpo por ser hoy jueves. Una puede valerle una página en un diario general; la segunda, desatascar la relación con ese influyente columnista o blogger que últimamente le daba largas y coqueteaba con la competencia; la tercera llamada, una comida con el director de la escuchadísima emisora de radio para tratar de todo, sí, también de publicidad, o para quedar el viernes a jugar al golf y hablar de la vida. La cuestión está en saber a quién, cómo y hasta en qué momento hacer esa llamada. Y ¿quién lo sabe? Pues el PR boy y la PR girl que llevan sus añitos currándose estas cosas, por un sueldo raquítico –dado lo que los clientes pagan- o con eternas promesas de ascenso o simplemente dando gracias por tener un contrato. Pero es él quien sabrá si al preciado interlocutor y destinario de nuestro valioso mensaje le gusta que le llamen al móvil o lo detesta –o a lo mejor es que tú y pocos más tienen su móvil-, si sólo contesta correos electrónicos los fines de semana o si los viernes está de cierre y atacado. O si a las cinco está recogiendo a los niños del cole y no es momento. Aparte, claro está, de que él sabrá argumentar lo que le va a proponer a su influyente interlocutor, no traicionar la confianza que se ha ganado con él, no venderle motos infumables, saber plantearle la cuestión por el lado por el que le puede interesar. Ah, y ese PR currito podrá tener mejor o peor suerte o mayor o menor éxito en su gestión, que muchas veces estas cosas no son nada fáciles, pero desde luego va a saber –se le supone- lo que nunca se debe hacer. Sí, eso que sucede casi inevitablemente cuando es el directivo en cuestión quien decide “eso lo puedo lo hacer yo”. Que en tres llamadas se ha podido cargar la relación de su empresa con buena parte de su mercado. Pues sí, son tres llamadas… pero también algo más 🙂

5 Comentarios

  1. Enrique, yo añadiría que el currito PR acaba, en muchos casos, incluso definiendo los mensajes de la empresa y cosas varias que es mejor no desvelar, porque no tienen hechos los deberes hechos… y no saben por dónde pisan…

  2. UNA CONSULTORA DE ESAS QUE MENCIONAS TAN ACERTADAMENTE ME HA DADO HOY UN NUEVO CONCEPTO ACOJONANTE PARA COBRAR LOS 30.000 EURACOS AL MES……… SON EXPERTOS EN BUSCAR «PALANCAS DE FUERZA»……. que la fuerza nos acompañe a los PR para aguantar tanta gilipollez…..

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