Dios no ahoga en Pejanda (4ª etapa)

P1040105 (2)

Van a ser 16 Km de estricto subir y poco bajar. La ascensión al Collado del Abellán pasa por ser la más empinada de toda la ruta, apenas 4 km para superar 538 metros de desnivel. Las primeras estribaciones se divisan perfectamente desde la ventana de la habitación (ver foto del capítulo anterior) y la verdad es que imponen. Después del desayuno y justo antes de emprender la andadura, el Señor de las Axilas se fuma el penúltimo cigarrillo que le queda. En Reinosa y en Bárcena Mayor pudo comprar y no quiso, no lo creyó oportuno; en Saja y en Tudanca lo creyó oportuno y de hecho quiso, pero no pudo. No va a ser fácil coger ritmo de escalada después del primer baja-y-sube hasta Lastra cruzando el Nansa. A partir de este pueblito, diríase que simétrico con Tudanca, empiezan ya las rampas a ponerse serias. Es cuestión de concentrarse, de no pararse, no mirar al suelo, acoplarse a una marcha lenta pero constante y ya vamos a tren. Hace buen día y las vistas alivian cualquier penalidad, una vez que hemos roto a  sudar ya no pasa factura detenerse a contemplar ese valle que quita el hipo, esas casas –y la Casa- otra vez diminutas, reconforta advertir el fino P8030408serpenteo del camino ya cumplido. Arriba del collado espera una manada de caballos y, lo que es peor, el perro que los vigila. Pero parece que hay buen rollo y además lo único que le quizás le interese de nosotros sea la comida que llevamos. Sostiene el Príncipe don Miel que una de las yeguas que yace postrada en el prado está de parto, la verdad es que nos queda del todo claro pero tampoco nos podemos quedar a ver si sí o si no. La cima es un cruce de caminos pero no vamos a tomar ninguno. El libro de ruta dice que hasta el próximo punto de referencia, El Potro, tenemos tres kilómetros de suave pendiente. Lo que no nos dice –oh sorpresa- es que los escasos 100 metros de desnivel de ese tramo nos los vamos a ventilar en una sola rampa de las de dejarte los hígados, más bien un muro de braña, eso sí, amable esta vez porque no llueve. Una vez recuperada la compostura, estamos a 1.100 metros a la sombra del Pico de las Astillas y claro, tenía que haber una nube, aunque ésta acaricia más que sacude. Es más, la bruma nos ahorrará algo del vértigo cuando caminemos por lo más alto de la cornisa que bordea el Valle de Polaciones. Que por cierto se nos aparece casi de súbito, como quien dobla la esquina, se encuentra una puerta entornada, la abre de golpe y detrás no hay más que caída, genuino instante Indiana Jones. Nos dirán luego que este valle se queda invariablemente incomunicado en invierno, sus diminutos pueblos viven no muy por debajo de los 1.000 metros y tienen nieve a veces hasta junio. Ya decíamos que hoy sería día de bajar poco, y se agradece porque las rodillas ya están aprendiendo a cantar por soleares y a buen seguro tendrán su oportunidad en próximos días. No faltan las torrenteras, los devaneos con el arroyo y las ramas juguetonas, pero el final de la etapa se hace por carretera llana entre montañas, momento propicio para encender el último cigarrillo de la cajetilla. Pejanda son tres casas junto a un cruce, una de ellas es posada, restaurante, tienda… y estanco, Dios aprieta pero no ahoga una vez más. Nos queda una tarde feliz en Polaciones, bien cuidados y mejor alimentados por la sargento mayor, puestas las botas en cualquier buen sentido de la palabra y las de andar a secar al sol.

Anuncios

3 Comments

  1. No sé si en Machu Pichu hay campos de fútbol, porque después de subir lo insubible apareció ahí, con sus porterías con sus redes, su cesped, sus vallas. Eso sí que es un estadio con vistas.
    Intentaré copiar y pegar la foto a ver si aparece aquí.

    – P1010430.JPG

    El camino que cogimos en esta etapa nos cuentan que era la ruta que se usaba antiguamente para llegar a la costa. Si yo tuviera que andar eso para ir a la playa me hago campestre desde el primer minuto, joder con el caminito.
    Pero después del día anterior fue un paseo de lo más agradable.
    Y agradable fue, mejor dicho, exhultante la cara que se le quedó a nuestro sobaquiman cuando entró por esa tasca de la posada y vio el fondo de la barra, esas estanterías repletitas, descansamos todos con unos botellines bien merecidos.
    Aunque lo mejor estaba por llegar, ese estofado de jabalí fue para ponerle un piso, al jabalí, a la camarera pero sobre todo a la cocinera. Esta última mujer, ya mayor, se pegaba sus paseos desde la cocina al huerto con sus suecos para coger los avíos de la ensalada. Todo muy natural, como el siestorro que nos dimos.

  2. Oñate, no sale la foto, tienes que incluirla como enlace. El campito de fútbol sale en la próxima etapa, que tengo casi a punto.

    El estofado de jabalí es cierto, y la pierna de cordero, lo que pasa esta vez no abundé en ello para no abrumar a la audiencia con tanto homenaje gastronómico. Pero ya que lo has reseñado, apuntado queda y que conste.

  3. ¿Qué hubiera pasado si………? Una pregunta que siempre nos quedará en la recámara del subconsciente y que ya pasa al terreno de la suposición o la imaginación de cada uno…… La etapa a mi me pareció de las más bonitas y agradables y pensar que estabas haciendo la única ruta que unía Castilla con Cantabria durante cientos de años pues la verdad es que impresiona……. y el estofado ya de cine……

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s