El apéndice del cliente ¿Has tenido alguno así?

¿Has tenido un cliente así? Con apéndice, me refiero. Sí, ese al que conoces en la reunión del comité de dirección, a la que le han convocado –como a ti- para tratar ese tema de comunicación absolutamente estratégico para la compañía (por ejemplo, el lanzamiento de un nuevo envase ecológico, sostenible y responsable para la sopa de puerros con endrinas líder del mercado) Y no dice ni mu. Tú te esfuerzas, con tus mejores modos y técnicas, en convencer a toda la cúpula directiva de que la estrategia que propones es la ideal de la vida, cómo vas a manejar los tempos, el envío de la nota de prensa el día “D” (querían celebrar una macro-rueda de prensa para 1.860 medios, pero tú les haces conscientes de que con 300 euros de presupuesto no es cuestión de invitarles a un sugus en un banco del parque, es decir, que una noticia de tal alcance generará difusión suficiente sin tan ingente inversión), les detallas la campaña de entrevistas, con qué medios, cómo y cuándo las vas a gestionar, qué mensaje se pretende transmitir…

En fin, sales triunfant de la reunión y te vuelves con la cabeza bien alta a la oficina o a tu despacho (si eres externo a la compañía o in house). Entonces te encuentras un e-mail. Del apéndice. Quiero que me informes de cómo va la redacción de la nota de prensa y qué gestiones se han avanzado ya respecto a las entrevistas (coño, si recién salido de la reunión me puese a responder los 27 mensajes que tenía y no me ha dado tiempo a más). Además de los medios que has propuesto, el director general EXIGE incluir en el plan a Hincodías y Extensión (coño, ¿una sopa de puerros en prensa económica?. Está muy preocupado con este tema, por lo que te ruego la máxima proactividad (esa magnífica palabra) y dedicación en este proyecto estratégico y crucial para la compañía. Muchas gracias. Miras arriba, a la cabecera del e-mail: no hay nadie copiado. Pero es que luego hay más e-mails: Don “G” (el director general), trabajamos conjuntamente en el plan de comunicación y reportaremos los resultados esperados a la mayor brevedad. En este tú estás copiado junto al resto del comité. Y un tercero, otra vez sólo a ti: necesito que me dejes tu teléfono móvil para estar en permanente contacto. Ya has decidido que sólo vas a contestar el segundo, fiel siempre al botón “responder a todos”. Aunque el tercero se repetirá y repetirá, y el primero irá reproduciéndose periódicamente (cada día) y evolucionando, incorporando más medios, más objetivos, y por supuesto transmitiendo más trascendencia, exigencia, urgencia, y preocupación del director general. Tú vas a lo tuyo, sabes lo que tienes que hacer, manejas la tensión.

Llega el día “D”, lanzas esa “joya” de nota de prensa (que don “G” aprobó a la primera a pesar de que el apéndice trató de emborronártela todo lo que pudo, previa petición de que se la enviaras “sólo a él”, pero “no te diste cuenta” y se la mandaste a todos). Lanzas la nota. A los diez minutos, el apéndice: ¿Sabemos algo ya de la cobertura? Mira, pues has encontrado un on line (bueno, esta historia no siempre sale así de bien pero estamos contando un caso digamos que idílico), lo mandas avisando que, aunque se trata de maripili.news, es una excelente señal haber conseguido ya una aparición diez minutos después de haber lanzado la nota. E-mail de don “G”: muchas gracias, mantennos al tanto; otros dos también responden: muchas gracias. El apéndice no contesta, maldice su desdicha en silencio.

Al día siguiente, recopilas la cobertura conseguida (no está del todo mal, cinco medios en papel, uno de ellos GE-NE-RALLLL y 13 clips on line). Por supuesto la envías a todos. Bien comentada, explicada, valorada… Aquí pueden suceder dos cosas: si don “G” no ha respondido inmediatamente porque está en una reunión y no lo ha visto, el apéndice se apresura a responderte en más o menos estos términos: La foto que sale en la Gaceta de Socuéllamos es vertical y no horizontal (la han cortado bien y con delicadeza), el titular de siete de los online es el mismo (lo han recibido de agencia), ¿por qué no ha salido en El Facundo? (Con El Facundo habías negociado una entrevista al día siguiente), ¿puedes por favor enviarnos todas las noticias corregidas (ja ja) y traducidas al francés para que las vean y analicen los HQ de París? (Los HQ, los Head Quarters, son los que más mandan aunque nunca se vayan a enterar de lo que ha pasado con esa nota de prensa ni de este fundamental anuncio en España). Tú, haciendo gala de sana paciencia y delicadeza, respondes punto por punto a las críticas cuestiones planteadas. A todos. Al apéndice le envías expresamente el presupuesto de la traducción al francés. A la hora aproximadamente llega el e-mail de don “G”, respondiendo al primero tuyo: perfecto, buen trabajo, sigamos adelante con el plan. La segunda situación, ya imagináis, es que si este e-mail hubiera llegado al momento de enviar el primero tuyo, el latoso paso intermedio nos lo habríamos ahorrado. El apéndice calla para siempre, al menos para siempre por hoy.

Después viene el plan de entrevistas, al día siguiente el apéndice te llama (al fijo) insospechadamente muy amable –”qué buen trabajo” con la voz engolada, ahora que solo le oyes tú- y te sugiere que en la gran y esperada entrevista con El Parchís no hace falta que estés, que ya va él porque además “G” (que para ti es don “G”) se sentirá más cómodo con menos gente. Tú no dices ni que sí ni que no, envías un e-mail a Don “G” con copia al apéndice confirmando la hora y lugar de la cita, al tiempo que envías los oportunos y bien trabajados talking points. Y te responde: OK, mañana nos vemos. Al día siguiente, tan concentrado estás en la entrevista que cuando concluye vas y reparas en que el apéndice no está, no ha venido, no se le esperaba.
Días después, con los resultados bajo el brazo y los correspondientes informes y valoraciones, te presentas en la reunión del comité de dirección. Todos te saludan muy afectuosamente, te sientas y de pronto miras entre las sillas y te fijas en un bultito, bastante colorado, encogido y en postura casi fetal. Es el apéndice, que justo el día antes a esa reunión había enviado a todo el comité –siiinnn copiarte a ti- un e-mail con esos mismos resultados, bueno, esos mismos recortes “valorados” por él a su manera, estilo y entender. Nadie le había respondido. Y tú te has enterado “de casualidad”. Notas cierto pitido en los oídos, adviertes un olor cenizo y que de reojo, desde ahí abajo, te lanza miradas inyectadas de un hondo sentimiento. Te espera para la próxima, esta vez ganan los buenos pero la vida sigue.

Pues contada esta historieta, ¿has tenido alguna vez un cliente, digo un apéndice así? I currently just not 🙂

8 Comments

    1. Carmen, de la agencia y del director de comunicación, a ambos les toca a menudo afrontar y contrarrestar este tipo de, digamos, fenómenos “paranormales”.

  1. Buen artículo…. la Ironía es lo que nos salva decía alguien famoso……
    Pues en mi nivel de sector primario no hay reuniones con tanta gente ni apéndices……. sueles reunirte con dos o tres como máximo……. pero en pequeño todo esto también pasa ya que tocanarices los tenemos a raudales…. lo que si se lleva es que el dossier de prensa que te has currado tu con mogollón de noticias en un año, lo presenta tu “jefe” a la dirección y a ti ni te llaman…… y como podéis entender lo “vende” como un éxito personal suyo……….POR ESO PONGO EL LOGO DE MI EMPRESA GRANDE Y EN TODAS LAS PÁGINAS DEL DOSSIER PARA QUE SEPAN QUIÉN LO HA HECHO DE VERDAD……. (ya que todos me conocen al ser un sector pequeño)
    Así es la vida……

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s