Instalados ya en la normalidad, nuestro segundo Lunes de retranca va a tener carácter monotemático, y allá vamos:
Orujo blanco. Todo estaba debidamente organizado según el ritual mágico, la sesión a punto de comenzar. Los conjurantes habían preparado a conciencia la que iba a ser su noche, habían invocado a todos los espíritus, les habían convocado a la hora escrita del gran akelarre. Los conjurados habían llegado puntuales a la cita. Estaban ya todos sentados, en silencio alrededor de la mesa alargada, y allí habían dispuesto todo objeto, utensilio o amuleto que pudiera agradar a sus invitados. Se habían hecho todas las cruces, habían repasado todos sus ritos con estricta meticulosidad. Hasta se habían tomado una queimada antes de entrar. De pronto, a uno de los conjurantes, posiblemente al más torpe, se le cayó el mechero al suelo cuando iba a encender una de las 22 velas. Y como no acertaba a palparlo en la oscuridad, no se le ocurrió otra cosa que darle al interruptor de la luz. Y adiós sesión. Y ahí se quedaron todos, pasmados unos ante los otros, once frente a once viéndose las caras. Rendidos a la evidencia de conocerse tal como eran. De encontrarse con lo que había y nada más. Entonces, los grandes fueron gigantes y los pequeños se supieron insignificantes; los guapos aparecían radiantes y los feos se quedaron angustiados de mostrarse así; los buenos fueron magníficos, paupérrimos resultaron los malos. La realidad se había revelado de repente, así de cruda. No había nada que hacer, y los espíritus habían decidido quedarse en sus casas, donde quiera que sus casas estén. La próxima vez que nos llamen, que además pongan algo de su parte, debieron pensar.
Macallan. Hace muuuuuchos años leí a Pedro Escartín (aquel que fue futbolista, árbitro, entrenador y luego periodista y escritor) un artículo que se titulaba “La rosa y el martillo”. Se refería a la final del Mundial 74 en Alemania. Allí se citaron la Holanda esplendorosa y colorista de Cruyff –que para Escartín era la rosa- y la recia pero también soberbia Alemania de Beckenbauer, que era el martillo. En el artículo, el autor se servía de una lógica aplastante para explicar cómo al final el martillo acabó machacando a la rosa y Alemania se llevó ese Mundial. Siempre me he acordado de ese artículo, con los años que han pasado, y creo que ha sido, entre otras cosas, porque nunca he estado del todo de acuerdo. No siempre, afortunadamente, el martillo ha aplastado a la rosa. Al contrario, ésta se ha burlado de su contundente enemigo muchas veces, que yo recuerde. Pero es que en esta ocasión, el sábado en el Bernabéu, sólo compareció la rosa en toda su expresión. Y si había algún martillo, éste era de plástico y hueco por dentro.
(Quien me conoce bien y sabe de mis gustos, viendo la comparación que acabo de hacer, no podrá acusarme de escatimar elogios a este Barça que -como dije el otro día cuando me refería a Iniesta y ayer recalcaba con acierto Relaño en As- es el paraíso hecho fútbol.)
Vino peleón. Lo siento pero no puedo pasarlo por alto. Cuando un profesional de un equipo supuestamente importante sale al campo en un partido trascendental, lo mínimo que se le puede pedir es concentración y aplicación a su tarea. Máxime cuando sabe que los recursos de su equipo son más que limitados frente a los del rival. Podrá fallar físicamente, podrá verse superado, tener mala o muy mala suerte. Pero nunca, nunca un profesional puede cometer fallos en momentos determinantes de un partido de ese calibre… por falta de atención. Esa actitud es un puñetazo al respeto hacia sus compañeros y hacia su afición. No me extraña en absoluto que el Bernabéu abroncara a Sergio Ramos y si el entrenador le sustituyó sin causa física o táctica aparente, intuyo que es porque tenía el mismo cabreo que todos los que lo estaban viendo. Es para reflexionar.
Beefeater. Juande Ramos tiene un ganado prestigio como entrenador táctico, que sabe leer los partidos y colocar bien a su equipo. Pero un entrenador joven como Guardiola -incluso bisoño, que pensaban algunos a principio de temporada-, le ganó toda la partida con un solo movimiento en el tablero: trasladar a Messi de la banda al centro, de manera que propició para su equipo una aplastante superioridad en esa zona. Messi se hinchó a conectar con Xavi e Iniesta, mientras que por la supuesta banda del argentino, Heinze y Marcelo se pasaron la primera parte de espectadores, teniendo en cuenta que Alves, muy inteligentemente, apenas visitó un par de veces ese pasillo. Hombre, como factor atenuante de Juande siempre hay que decir que no es la misma materia prima la que él tiene que la que maneja Pep, que además la tiene desde el principio y él mismo la ha preparado, y ha seleccionado y perfeccionado los mejores granos, como el café de Juan Valdés. El manchego llegó a Madrid a mitad de temporada y ha tenido que prepararse un cocido con los garbanzos que había.
Bueno, pues que me perdonen Nadal, Rossi, el Español, el Panathinaikos y otros artistas de este fin de semana. Todos acabarán teniendo su sitio. Pero hoy era inevitable…
Y a mi que me devuelvan los 150 machacantes….
La verdad es que lo del Barça ha sido excelso, explendoroso y no sé yo si irrepetible (espero que, al menos, no lo repitan contra el mismo equipo…). Soy madridista, aunque bastante desapasionado desde hace unos años. Y el sábado disfruté, sí, disfruté. Por encima de forofismos, me gusta el fútbol, y lo del otro día fue furbol-arte. Jamás en mi vida he visto jugar al Real Madrid como lo hizo el Barcelona el sábado pasado. Hay que descubrirse y disfrutar de la belleza. Ojalá ganen las tres competiciones, porque se la marecen. Sobre todo Guardiola, por esa propuesta tan bonita con la que se ha atrevido en su primer año.
Envidia sana despiertan los blaugranas allá por donde juegan esta temporada. Crean sin cesar, esbozan admiración y emanan deleite. Desde mi profundo madridismo, el cual ni que decir tiene que se siente herido y humillado, me quito el sombrero y aplaudo esta demostración de belleza futbolística sin parangón.
Es tiempo para la reflexión merengue. Para el cambio de sistema, desde lo más profundo. Queremos savia nueva, sí, pero sobre todo, necesitamos frescura, volver a enamorarnos del juego…Ganar siempre es el objetivo, pero sin perder el gusto por las formas exquisitas…esa es la esencia del Madrid que siento y sueño.
Pues ya decía yo el otro día lo del FUTBOL con mayúsculas del Barsa…. por una vez parece que la lógica, la justicia y el arte se han unido en la misma dirección….. un partido difícil de olvidar…. y sigo apostando por Raúl como presidente entrenador jugador…… creo que Florentino no se va a presentar…. otra ilusión de la prensa madrileña…….
Necesario aclarar que esto es lo que podríamos denominar un comentario apócrifo. Sale con mi nombre, y yo no lo he escrito, qué cosas. Su autor es mi amigo Vicente, a quien creo que ya conocéis de otros debates.
¿Que no se presenta? http://www.expansion.com/2009/05/04/empresas/1241435219.html
Sólo espero que no vuelva a convertir al Real Madrid en un catálogo de estrellas en lugar de un equipo de fútbol. Con dinero le funcionó, sin nada con lo que especular ya no lo tengo tan claro.
¡Ah! Y felicidades al Barça. Me alegraría de que ganara las tres competiciones.
A san Florentino nos encomendamos. Ya sé que no es ningún mesías, y que muy probablemente este desaguisado no tenga solución alguna, pero hay que ilusionarse con algo…