Microrrelatos a quemarropa (XXV)

Nuestra intención era venir por Reyes, pero las circunstancias nos han obligado a retrasarnos. El caso es que tenemos nuevos microrrelatos a quemarropa, y no es una edición cualquiera, porque cumplimos ya 25. Entre septiembre y diciembre, en unos meses movidos y con algún sobresalto, hemos creado estas ocho pequeñas historias que espero que os gusten. No me entretengo más y paso a desgranarlos:

Condicionales

Todo va a quedar entre guay y perfecto. Suponiendo que no se enfríe la cena. A no ser que llame, como suele, diciendo que se le ha complicado el trabajo. Siempre y cuando no se terminen derritiendo las velas sobre el mantel. A menos que me pase otra noche sola viendo series. En tanto en cuanto no vengas a rescatarme a las tantas para salir a dar una vuelta. Mientras no nos lo encontremos harto de copas y acompañado. Salvo que me convenzas de echarle unas gotas en el cubata… Pero mira, ya está aquí, qué cosas tengo. Aunque, ¿sabes?, empezaba a convencerme el otro plan…

Por un directo…

Cuando encienda el volcán, será el no va más. A eso han venido todos estos turistas, a vivir emociones fuertes. El marketing es tentador: ‘Revive Pompeya’. Y hasta aquí llegan intensitos de todo el planeta que ya por nada del mundo consienten perderse nada y pagan lo que sea. Míralos, con sus móviles preparados y fuera de sí de excitación. Según apriete el botón a la hora señalada, estallará la montaña, correrá la lava y los abrasará en segundos. Pero como me adelante una décima y no les dé tiempo a abrir TikTok, el negocio habrá sido una ruina y la empresa me despedirá.

Vocación en las venas

Te reinsertan en unos grandes almacenes y se piensan que has regresado al mundo de los normales. Al de esas personitas pacíficas que trabajan para llevar comida caliente a casa, ir al cine los sábados y quizás tomar el vermú los domingos. Creen que nos reconfortará esta existencia plana, sin mayores sobresaltos que los recibos a primeros de mes. Y que terminaremos prefiriendo esta vida anodina a aquella sobreexcitada. Pero, aun arruinados y defenestrados, los empresarios de raza llevamos la vocación en las venas. Hoy he subido a la planta de juguetes y reunido al plantel de furbys. Ya saben que aquí sobran la mitad.

Interrogatorios

Un policía se detiene frente a él.Pone cara de sorprendido, pero no lo está en absoluto. Con toda tranquilidad le entrega la documentación, escucha al agente y se deja esposar. Camina delante, huyendo de las miradas curiosas. Se encaminan hacia la dependencia policial más cercana. Según entren, se sabrá a salvo de preguntas y sospechas y directamente se dirigirán a una de las salas de interrogatorios. Una vez allí, se tomarán declaración, él libre de esposas y ella del uniforme. A falta de sitio, es una buena coartada para sus encuentros. La única precaución a tomar será nunca, nunca, repetir calle ni comisaría.

Infructuosa…

No recordaba haberlo escondido tan bien. Lo buscaba con urgencia, en el cajón de la mesilla, en los del escritorio, en el fondo del armario. Debajo de la alfombra, detrás de las cortinas, en la cajita plateada donde guardaba los pequeños tesoros. Y nada. En el disco duro estructurado, en su cabeza desordenada. En las primeras expediciones adolescentes, en su primer viaje solos, la foto en París, la playa desierta… En los años dispersos, en sus últimos sueños y noches en vela. No había manera. Juraba que había existido, pero era incapaz de encontrarlo. Ahora, ¿cómo iba siquiera a llorarle?

Sin embargo, no se mueve

Supongo que algunos hábitos se heredan sin querer. Un antepasado mío debió ser renacentista. De ahí mi adoración por el equilibrio y las formas proporcionadas. Mi devoción por la ciencia y un mundo en el que naturaleza y saber humano convivan en perfecta armonía. Viviría en un palacio clásico, observaría las estrellas por las noches y me casaría con una mujer que fuera en sí misma una escultura griega. Sin embargo, no me muevo de mi habitáculo de 30 metros, no veo el cielo y apenas tengo sexo con un póster en la pared. Será que mi abuelo fue un negacionista. Su gen, más fuerte que Galileo…

Obra imposible

El poema que él nunca terminó lo retomaron sus discípulos y herederos. Pero al poco de iniciar el trabajo, se dieron cuenta de que era imposible componer los versos y ensamblar las estrofas como el autor lo había concebido. Les siguieron sus respectivos seguidores y fieles, afanados en culminar esa obra definitiva y universal que diera sentido a la literatura y la vida de su tiempo. En esa tarea siguen empeñados, pero no se ve progreso ni que tome forma. El relevo de estos está preparado también, pero ya están discutiendo las rimas antes de empezar a juntar las palabras.

Alertas del tiempo

Por si una noche decide devolvernos lo que se llevó, miro el teléfono siempre antes de acostarme. Busco mensajes nuevos, releo los antiguos, repaso todos los nombres y sus estados. Querría no encontrar aquel que nos quitó el aliento y nos paró la vida, que se haya borrado o quizás nunca llegara a existir. Pero ahí sigue. Cada vez más abajo y más tarda en aparecer, pero está, con sus mismas escuetas líneas, la fecha y hora invariables. Destrozaría el aparato, pero lo dejo en la mesilla. Por la mañana, vuelvo a preguntarle. Si tiene algo nuevo que decirnos o si ya sólo va a darnos alertas del tiempo.

Hasta aquí los de esta 25 edición. Podéis verlos todos en Microrrelatos a quemarropa – Byenrique

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