Fue aquel día cuando la vida empezó a contarse hacia atrás.
Entonces, me prometí que siempre estarías ahí.
Leve pero intensa,
Imprescindible en mis pensamientos y desvaríos,
Serena y apacible en tu lugar privilegiado.
Ausencia que no tardó en hacerse memoria.
Fina lluvia que ha ido calando,
Escenarios que han ido cambiando, y sin embargo,
Lo más fácil ha sido encontrarte.
Imagina los días que han pasado,
Soleados y grises,
Antes y después de que el mundo se pusiera difícil.
Felicidad con poco y fiestas que siguen,
En las que disfrutábamos como niños, porque eso éramos.
Lo que pasa es que no hemos cambiado tanto.
Incluso hoy me siento un niño
Sentado en tu regazo,
Atento a tu sonrisa, que es lo que me sigue dando vida.
Falta tiempo para ponerlo en su sitio,
El que pasé contigo y el que vives conmigo,
Luces y olores de sábados eternos,
Intactos recuerdos en los tejados que dejaron de verse,
Soledad sobrevenida en tardes de noviembre…
Abrigado apenas con lo único cierto: que nunca has dejado de estar.
Fui a veces demasiado optimista, demasiado lejos…
En mis viajes, sin embargo, paré siempre un momento,
Leí tus ojos en esos paisajes,
Intenté hacerte espacio,
Sentir que me acompañabas.
Aunque me guste tanto viajar solo… o quizás por eso.
Fuera de escena quedaron tantas cosas,
Empeños, deseos, sueños…
Lejanos ya como para añorarlos o desvelarme por ellos.
Insignificantes cuando se anuncian nubes,
Sombras que ya se ciernen.
Ahora que empiezo a saber lo que realmente tengo, lo que estoy perdiendo…
Fuertes nos hiciste, a mí, desde luego.
Este año, lo siento, no podré hacer grandes distancias.
Lo más que tengo esta vez es vacío,
Ilusión por escribirte.
Silencios que dedicarte.
Aquí están, son 42 líneas, en ninguna habrá faltado tu nombre.
(Foto: Geralt)