Los nuevos E$G

Élites, Supremacía, Ganancias. Son los nuevos criterios. Los principios que van a regir el mundo en el inicio de este segundo cuarto de siglo y quién sabe si durante todo él. Los que vienen a borrar de un plumazo los anteriores, ya antiguos, ESG. Que, por cierto, ¿nos los creímos alguna vez?

Es posible que sí. Al menos, eran prometedores. A muchos nos gusta la idea de un mundo en el que los negocios y las políticas se guíen por unos criterios de cuidado del planeta y sus pobladores, entre ellos, las personas. Respetar el entorno, comprometerse con la sociedad, actuar con decencia… La sostenibilidad, bonita palabra. Pero tan manida que casi la hemos borrado de tanto nombrarla. La hemos explotado y terminado vaciándola de significado.

Y de credibilidad. Porque sí, podemos, y de hecho queríamos, creernos lo que propone la sostenibilidad en cualquiera de sus acepciones: la primitiva, algo que pueda funcionar y mantenerse por sí mismo; y la adoptada, que procure el buen uso de los recursos con los que contamos y de los que vivimos. El problema venía cuando quienes nos hablaban de preservar el medio ambiente eran las empresas que más contaminaban; quienes apelaban a lo social eran, por ejemplo, las entidades bancarias; y los que presumían de gobernanza eran, con perdón y alguna excepción, los gobiernos. Lo siento, pero ni esa E ni esa S ni esa G se sostenían.

Ahora, aquellos a los que les traían sin cuidado esos principios han visto que podían quitarse las caretas. Nos decían que ya no tenían sentido el éxito económico sin un propósito, los grandes beneficios sin un retorno a la sociedad. A partir de ahora, lo vuelven a tener. Y vaya si lo tienen. Ese debe ser el ‘sentido común’ del que nos habla ahora Donald Trump. El más común y primario de ellos. El de ganar a toda costa. Y pobre del vencido.

Cierto que a este y a otros ‘ganadores’ que están encaramándose al poder en América y Europa los están aupando, básicamente, perdedores, de acuerdo con esta dicotomía con la que los primeros entienden la vida. Perdedores que no sólo no dejarán de serlo, por mucho que les hayan prometido y ellos se lo crean a pies juntillas. Al contrario, lo serán más y si cabe más pobres y abandonados, solo que a lo mejor más contentos. Pero ese es el panorama que tenemos hoy. El que resulta de leer y seguir lo que leemos y seguimos (ya sé que usted no y yo tampoco, quiero decir en general, pero aun así, a lo mejor también debemos mirárnoslo).

Y lo estamos normalizando. Cuando Trump venció en las elecciones de 2016, fuimos tantos los que nos quedamos en estado de shock. ¿Cómo era posible que un ser así llegara a presidente de los mismísimos Estados Unidos? Y tiempo nos duró ese estado, diría que cuatro años, hasta cuando creímos que ese país y el mundo entero habíamos conseguido librarnos de él. No fue así. Ahora, cuando ha vuelto a imponerse sin remisión, ya no nos ha sorprendido. Casi ni nos hemos inmutado. Es más: muchos de los que entonces se echaron las manos a la cabeza, ahora se las han echado a los bolsillos. Fundamentalmente, los que los tienen bien llenos.

No había más que ver las imágenes de la toma de posesión. En esas fotos estaban el nuevo poder económico, los nuevos potentados, Silicon Valley casi al completo. Bien, pues muchos de esos no se manifestaron tan eufóricos hace ocho años. Más o menos como los Village People, que denunciaron a Trump por usar una canción suya y ahora han actuado para él. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Si además te promete más dinero y más poder, por qué renegar de su figura. O a lo mejor, estos exitosos empresarios disimulaban entonces, ocultaban su devoción por el qué dirán. Ahora, sin complejos.

Y podemos temernos que esas fotos de familia vamos a verlas reproducidas en otros países. En España, por ejemplo. Atengámonos a declaraciones que ya hemos visto por ahí. Lo que vomitó el presidente entrante en su discurso de advenimiento y lo que confirmó con sus primeras 41 órdenes ejecutivas le ha parecido muy bien a mucha gente. Entre ellos, a algunos que no tienen, precisamente, una representatividad residual en nuestra política y en nuestra sociedad. Hasta en la calle, aparte de los clásicos forofos, hay quien empieza a pensar eso de que a lo mejor no hay mal que por bien no venga. Lo que pasa es que puede que venga mucho mal…

Todo indica que es el mundo que parece venir. Aquellos criterios ESG serían más honestos, más hipócritas o tener mucho de humo, pero ahora, directamente, desaparecen. BlackRock los ha eliminado de sus prioridades de inversión. La nueva ‘edad de oro’ que nos dicen vendrá determinada por el imperio de las élites inalcanzables, la supremacía absoluta y las ganancias ingentes. No ha sucedido de la noche a la mañana. De 15 años a esta parte, desde la recesión iniciada en 2008, las diferencias entre ricos y pobres son cada vez más grandes, las clases medias tienden a desaparecer y lo que llamamos exclusivo lo es mucho más y al alcance de muchos menos. Ahora, simplemente, nos lo van a aplicar con todo el descaro.

Lo que viene es una carrera frenética. Quien sea capaz de aguantar el ritmo que impongan los de arriba, podrá sostenerse y vivir dignamente, algunos hasta muy bien. Quien no, los que más, se quedarán fuera de todo. Existirán apenas como seres vivos. Como mucho, seres vivos trabajadores. Y poco más… Eso, hablando de lo social. El planeta, que se las arregle como pueda porque ya los grandes negocios no se pueden detener a cuento de esas ‘pamplinas woke’. Y la gobernanza tendrá los límites que ellos mismos pongan en función de sus ambiciones e intereses ilimitados. A todo esto, acabamos de saber que el nuevo secretario de Defensa de Estados Unidos será un presentador de la cadena Fox News acusado de agresiones sexuales y excesos con el alcohol. Los nuevos criterios…

A lo mejor, deberíamos escribirlos E$G. Pero es probable que también introduzcan una . De bonanza, nos dirán, aunque más bien será de burricie.

(foto: geralt)

Deja un comentario