Teníamos pendiente una tanda más de microrrelatos a quemarropa, y qué día mejor que este de Reyes para compartirlos. Recordar una vez más que se trata de relatos de un máximo de 100 palabras a partir de una frase dada, escritos la mayoría de las veces con poco tiempo y en medio de mucho de lío. Esta vez son siete, espero que os gusten.
Oro y cartón
Te puedes hacer de oro y no dejar de ser cartón. Deslumbrar desde lo más alto. Exhibir tu grandeza y tu éxito. Sentirte admirado y envidiado a la vez. Pero, sin saberlo, estar vacío y muy solo. Visitar los mejores sitios, asistir invitado a las grandes fiestas. Y no tener donde caerte muerto. Tu corazón será precioso, pero se habrá vuelto metálico, como el resto de tu cuerpo. Y serás incapaz de correr. Lamentarás que te han fallado, pero yo no. Mi moneda seguiré echándote cada noche y no te faltará una manta para esos dorados inviernos a la intemperie.
Glorias deportivas
La larga cola de novicias que se estaba formando a las puertas del estadio tenía desconcertados a los porteros, pero todavía más a la directiva. La reciente ampliación permitía una campaña de captación de socios, pero esto no era lo que esperaban. Valoraban que el anuncio había funcionado. Lo que quizás no se había entendido bien era el mensaje. ‘Bienvenidos a nuestro nuevo templo’ podría ser interpretado de aquella manera; ‘vive nuestras remontadas hasta el éxtasis’ puede evocar cosas que no son. Pero lo que definitivamente se presta a confusión es esa llamada a ingresar en el club eterno de los elegidos por el divino Ser Superior.
Irrechazable
Solo puedo encogerme de hombros y esperar a que oscurezca. Su negativa me ha dolido, pero ahora no es momento de alterarme. Voy a dejarlo correr. Que pasen las horas. Que lo madure y se dé cuenta él de su error. Mi proposición es sincera, leal y yo diría que irrechazable. Pero si no la acepta, no le voy a guardar rencor. Cuando acuda a sus jefes, busque a sus compañeros, incluso entre en su casa y ni sus familiares ya lo reconozcan, entenderá que ha dejado de ser de aquel que era su mundo. Volverá a mí y mi oferta seguirá en pie.
Lagartijas
A la muerta hoy también le ha arrancado la cabeza. Las demás lagartijas reptan como bólidos por las baldosas y los muros, despavoridas. El gatazo las sigue con la mirada, desdeñoso, como diciendo ‘ya iré a por vosotras’. Y vuelve a concentrarse en su trofeo, cuya condición inerte no le inspira la menor piedad.
Observo ahora esta escena en la que no estoy hace muchos años. Sucedía en la azotea de casa de mis abuelos. Pero no sé por qué ni qué me está pasando, el caso es que me parece estar viéndola otra vez. Tan real y actual. Y ya nadie vendrá con la manguera a echar al invasor.
De función en función
Unas decimillas de fiebre al entrar al camerino. Como cada noche al terminar la función. Lo que tiene meterse hasta los tuétanos en el papel. Una margarita. Un cigarrito despacio. Despojarse de lentejuelas y plumas, descalzarse los tacones, desmaquillarse tranquila. Volver paulatinamente en sí. A ser tristemente ella. El taxi, las calles vacías. Tampoco hoy la reconocen, lo agradece. Al entrar en casa, una nueva representación. El verdadero montaje. Los niños, acostados. Soñarán, piensa. Con su madre, enfermera, que siempre sale tarde; con su padre, policía, que vendrá o a saber si no. Mañana, camino del colegio, les contará otro cuento. Ya no sabe qué inventar…
Reciclaje… o extinción
Ser útil me hace feliz, aunque lo complicado fue reciclarme. Mi doctorado en Físicas, el máster en Harvard y los ocho idiomas que domino, a los nuevos jefes no les servían de nada. Fue mi habilidad innata para avistar conejos, ardillas o lo que se moviera, lo que me valió la oportunidad. Ahora se trata de delatar a otros seres y ponerlos a tiro. Mis conflictos morales tengo y me afectan. Pero estos colonizadores han llegado al planeta determinados a extinguir la raza humana y es cuestión de supervivencia, me digo. Además, el trabajo me lo pagan bien. Sabrosos huesos no me faltarán…
La Tierra vaciada
Como desde los noventa, pienso en ti. En lo bien que estábamos cuando salíamos. Cuando este planeta, hoy vaciado, era el centro de la galaxia. Venían de todo el sistema, éramos hogar y destino del glamur interplanetario, una fiesta sin fin. Hasta esa en la que un travesti que se decía de los mismos anillos de Saturno te entró a saco. Me interpuse y me sacudió una sideral patada en las partes que me tumbó. ‘Anda, salao, vete a tu casa’, te oí decir. Y a su casa se fue. Pero contigo. Dicen las noticias que la vida ahora es próspera allí.
Y podéis encontrar aquí todos los Microrrelatos a quemarropa escritos hasta la fecha. Hasta la próxima…
(Foto: Buddy_Nath)