La memoria del Ritz

Hotel Ritz Felipe Serrano es periodista, una de las voces de la información local de Madrid en la Cadena SER. Cuando estudió la carrera, compaginaba sus clases por la mañana en la Facultad de CC de la Información con su trabajo por las tardes de camarero en el Hotel Ritz. Yo lo sabía porque coincidí con él en clase dos años, no teníamos mucha relación directa pero sí amigos en común, sobre todo uno que sigue siéndolo de los dos. Por eso no me sorprendió cuando el año pasado publicó este libro, Hotel Ritz. Un siglo de la historia de Madrid. Por encima es un homenaje a la historia del emblemático hotel, que en 2010 cumplía 100 años como la Gran Vía. Pero lo que subyace en el libro es un homenaje a su intrahistoria, especialmente a la gente que lo hizo grande, a los compañeros que compartieron con él una experiencia que estoy seguro merece mucho la pena haber vivido. A pesar de tratarse de un libro corto, de pequeño formato, es muy intenso. Se nota la pericia periodística del que cuenta y sabe contar los episodios sin rodeos, aportando datos, fechas, nombres, detalles, hasta menús… Así cabe mucho, y en efecto es profuso el desfile de personajes, acontecimientos históricos y anécdotas de todo calibre, algunas pasmosas y otras desternillantes. Pero el elemento aglutinador, el leitmotiv, es el personal del hotel. La elegancia, dignidad, eficacia, vocación de servicio y atención de los empleados de la casa, la defensa de unos colores, los del Ritz, que no siempre lucieron con el esplendor y la prestancia que hoy conocemos y que presumimos a lo largo de su pasado. Sí, leerlo es una delicia. Se aprenden muchas cosas. De la vida de Madrid hace un siglo, de la evolución de la hostelería, de los entresijos del Ritz como empresa, costó 33.700 € levantarlo, el solar 6.000 €… y de la gente que pasó por allí: jefes de estado y políticos de todo pelaje, empresarios, hombres de negocios, científicos, artistas, espías, individuos de toda calaña, todos revestidos de la gran clase que se les suponía y a menudo además la tenían… Y no pocas páginas de nuestra historia, horas decisivas transcurridas en sus salones o en sus suites. De cómo los hermanos Cisneros ocuparon durante más de un año la suite real (2.700 € al día) mientras gestaban la operación de la compra de Galerías Preciados; de los grog que tanto le gustaban a Mata Hari, y luego se supo que fue esa bebida lo último que tomó antes de ser fusilada; de lo caros que le parecieron a don Juan sendos zumos de naranja que se tomó con su hijo don Juan Carlos; del insoportable despotismo y manía persecutoria de Caucescu y su mujer; de los callos que se comió y lo ricos que le supieron a Sir Alexandre Fleming, Alec para los amigos… y etcétera, etcétera, etcétera. Todo un río de historias de la historia, unas vividas en primera persona, otras relatadas por los más viejos del lugar y, en fin, otras sacadasPortada Hotel Ritz un siglo en... de las hemerotecas o de la memoria escrita en los libros y en las mismísimas lámparas y columnas. Pero viendo con lo que han tenido que lidiar, lo que han tenido que aguantar, lo que han sido capaces de sacar adelante, resulta fácil deducir que los verdaderos protagonistas y héroes son los empleados, auténticos guardianes del prestigio del Ritz, que siempre consiguieron salir de cualquier apuro y siempre supieron estar o a la altura o por encima del cliente. “Lo difícil lo hacemos al momento, para lo imposible tardamos un poco más”.

1 comentario

  1. Evidentemente, el mayor valor de una empresa es su equipo humano y más si hablamos de instituciones como el Ritz.

    Por cierto, yo también compartí clases durante varios años con Felipe Serrano en la facultad y siempre me pareció un gran tipo. Leí su libro, sólo porque lo había escrito él, y coincido plenamente con tus comentarios.

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