Pilares de la vida, de mi vida

A la de clase que era alta como un árbol, una de las más re-listas pero con más sentido común que he conocido, la veo de vez en cuando por el mismo barrio, con su marido y sus hijos, se me antoja mucho más guapa y mejor puesta que entonces, creo que es abogado. Nada he sabido en cambio de la que amé con desesperación, furtivamente y en secreto durante años, estaba prohibido incluso que ella lo supiera, hasta que irremediablemente creo que lo supo. Muy lejos me queda aquella para la que tenía minuciosamente estudiado mi discurso de pedirla salir, iba para allá con toda mi determinación, entonces súbitamente me la encuentro justo a mitad de camino y me descolocó, no me la esperaba tan pronto, ya no supe que decir, nunca se lo dije. Unas cuantas había en aquel colegio de señoritas y señoritos, no en vano el propio colegio se llamaba tal, a una, creo que gallega, la veo a menudo en el gimnasio. La que se casó en Alcalá de Henares con el ínclito de Escocia sigue bien y tan alegre, al menos yo la veo o la quiero ver así, hace justo ahora un año les dio un soberano vuelco el corazón, creo que lo van superando. En cambio la que es prima segunda o tercera, que nunca la veo, creo que no está pasando precisamente por sus mejores momentos. Tuve una clienta rubia y hermosa, de ojos marítimos, como cortada por el patrón que marcaba la empresa, o su consejera delegada, y con el tiempo se fue escuchimizando, perdiendo color y afilando facciones, hasta se me llegó a antojar que era un lagarto de “V”, aunque tan pérfida no era la mujer. Una profesora muy gruñona, muy sabia y muy -diría yo- tradicional. Una que la llamaban la abeja Maya, pobre. Y una amiga en Sevilla, que conste también. Busco y qué curioso, no tengo ninguna en facebook. ¿Se llamarán ahora Hispanidad?

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