Para el título, tomo como inspiración el de una de las más celebradas iniciativas de esta edición de SIMO que terminó ayer. Invisible Imprescindible en SIMO Network. No hace falta arrojar muchas cifras al tapete para contar el estado de un certamen, referencia en el calendario ferial de Madrid, que no hace muchos años ocupaba todo el vasto recinto de Ifema y hoy se resume en un pabellón, además acotado y con grandes espacios abiertos. Tampoco es necesario incidir una vez más en el sentido actual de las ferias, especialmente las de tecnología, que ya no son foro de presentación de avances y novedades, ya no son momento culminante de ventas, ya no son punto esencial en la estrategia de marketing de las compañías. Todos los datos técnicos, pragmáticos y fríos apuntan al final de las ferias TIC, al final de SIMO. ¿Y se va a terminar SIMO? Pues déjenme que opine que no. ¿Está peor que nunca? Eso parece, y sin embargo está. Desnudo, dolorido y con cara desmejorada, pero está. Pocas grandes compañías, pero las había. Algunas, como Sage, han puesto mucha carne en el asador esta vez; otras, como HP, se mantienen irreductibles y fieles a SIMO; otras, como Vodafone, reducen presencia física pero no escatiman contenido. Las editoriales no dejan de ir, aunque sea con lo puesto y haciendo un esfuerzo agónico. La gente, los profesionales de todos los años y de todas las vertientes del negocio – y de los buenos y de los malos tiempos- se dejan ver como siempre, ahora incluso con más calor, se ven y se saludan más a menudo, también porque las rutas de la feria son mucho más escuetas y escasas, los itinerarios se repiten y las vistas también. Algo tiene este SIMO. No sé si será como una necesidad hormonal que tiene este sector de encontrarse, abrazarse, darse cariño y estimularse una vez al año en otoño. O es que son cuarenta y pico años ya y cuesta cambiar los hábitos adquiridos. Por sus ausencias, esta edición era, más o menos, la que se canceló hace dos temporadas, apenas semanas antes de su celebración. El detonante entonces fue la baja de Microsoft, que en cambio el año pasado se prestó a insuflar aire al certamen, es decir, poner un pabellón entero y así pudo ser la de la reentré una feria de dos pabellones. Pero es que tenía el inminente lanzamiento de Windows 7 y le interesaba, este año no había inminencias de ese tipo y ha vuelto a no ser de la partida. Y SIMO se ha celebrado, ha empezado, ha transcurrido y ayer concluyó. Visto lo visto este año, a lo mejor podían haberse ahorrado el trauma de 2008 y ese boquete en su historia que ya no hay quien lo rellene. Al fin y al cabo, el sector es el que es y las ferias sirven entre otras cosas, o aunque sólo sea ya para eso, para mostrarse uno como es en cada momento y época, sin vergüenzas ni tapujos. Leo que este año ha habido más presentaciones que el año pasado, desde luego han abundado las sesiones de emprendedores, las mesas redondas y los pequeños foros didácticos, especialmente en el espacio verde de la Escuela de Organización Industrial, que sería conveniente que no se quedara en “la buena idea de aquella vez”. Ya veremos, de aquí a un año, lo que dicen los mercados, los indicadores, las cifras de ventas y las pragmáticas estrategias empresariales. Si es por voluntad de existir y por adeptos, me parece que SIMO podría seguir existiendo perfectamente, mantener el tipo como lo ha mantenido este año. Y a lo mejor, a poco que la lluvia escampe, sus músculos recuperen el tono y los ojos vuelvan a brillarle, cantarle a los que vuelvan –que volverán, a buen seguro- aquello de “¿dónde estabas, dónde estabas en los malos tiempos?”.
Desnudo e imprescindible, claro que hablo de SIMO
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