País, Ciberpaís…

Un jueves de mayo de 1998, tenía en mis manos el segundo número de Ciberpaís, el flamante suplemento de nuevas tecnologías de El País. Y fue cuando me di cuenta de que a lo mejor yo servía para esto del PR. La portada la copaban dos “logros” míos -bueno, de mis clientes quiero decir :-). Uno, Windows 98, el nuevo sistema operativo de Microsoft al que le faltaban dos meses para salir al mercado; el otro, la web cam de Axis, una empresita sueca (simpático cliente) que por entonces era de las primeras en fabricar estos artilugios. Desde entonces, el Ciber ha estado ahí como un referente para todos los que nos dedicamos a este negocio en el sector tecnológico. Mira por dónde, el pasado jueves –en el que iba a ser su penúltimo número- publicaba una historia para la que yo había echado una mano. El segundo y el penúltimo, caprichosa simetría que hoy se me antoja muy triste. El Ciberpaís ha sido durante estos 12 años muchas cosas. Técnicamente, representaba la primera apuesta seria de un diario general por la información tecnológica, después se apuntaron otros diarios que, tal como llegaron, se fueron retirando o haciendo languidecer sus productos a medida que el mercado publicitario se ponía duro. Esto sucedía a principios de esta década y El País, sin embargo, mantuvo el suplemento contra viento y marea, no mermó su calidad, sí su número de páginas porque el viento era cada vez más viento y la marea más marea. Pero para nosotros, el Ciber era muchas más cosas: el Hors Categorie de los informes de cobertura, el clip que ponías en primer lugar aunque se tratara apenas de un breve; el sitio donde todos tus clientes querían salir con cualquier cosa, y claro, en esas páginas no todos caben con todo y encima siempre; cuando tenías algo que sabías que merecía la pena, era un reto conseguir que te lo sacaran y un triunfo conseguirlo; pero para mí, además, siempre fue una clase particular semanal, imprescindible para aprender y estar al día; y sobre todo, un placer tratar con toda esa gente. Con su director, Tomás Delclós, me sentí muy pequeño la primera vez que le tuve enfrente. Después, no pocas comidas, desayunos, y algún que otro cigarrillo furtivo a la salida de un SIMO o de un Congreso de Policías Tecnológicas. Furtivo, sí, porque yo no debería pero él lo tiene estrictamente prohibido. Tengo que decir que por muy El País que sea –y por lo tanto muy duro de pelar-, Tomás siempre me escuchó cuando le propuse cubrir o tratar cualquier tema, lo valoró, entendió mis argumentos, y si no le veía cabida o no podía cubrirlo me lo explicaba con toda naturalidad y corrección. Y eso que en general tuve mucha suerte con él, también es verdad que cuando le llamaba era porque tenía algo de valor que ofrecerle, me imponía suficiente respeto como para ir a “venderle” cualquier zarandaja de las que a veces te caen entre manos. Lo mismo podría decir de la mayoría del equipo con el que traté, con algún ilustre colaborador me he tirado horas al teléfono, preferentemente los viernes por la tarde, o paseando por Las Ramblas, anda que no he aprendido de él. Precisamente por él me he enterado esta mañana del cierre de Ciberpaís. Bueno, oficialmente no es tal, pasa a salir como una página diaria de actualidad tecnológica en el periódico, aparte de los contenidos que harán para la web. Veremos, pero a mí se queda con esto un día muy antipático. Para la profesión, para el sector editorial, tecnológico… y para mí personalmente. País, Ciberpaís… que diría Forges.

Una mala noticia: tanca Ciberpaís, Alfred Comín

1 comentario

  1. Precisamente hace un par de días hablaba con un cliente sobre el cambio que se estaba produciendo en el nivel de cobertura (en cuanto a número de noticias con informaciones referidas a su tema (software)y estuvimos hablando de volver a analizar el panorama de medios y dónde estaban yendo los usuarios y clientes a informarse.

    Ahora llega esto y confirma definitivamente que ni siquiera El País considera que el papel sea el sitio o el formato. Sin ser un lector ávido del suplemento reconozco que al coger el periódico el jueves echaba un vistazo rápido y siempre algún artículo recogía mi atención. A partir de ahora confiaré en el RSS pero, llámame clásico, echaré de menos ver la página pintada.

    Buena suerta a la nueva andadura de nuestro colegas plumillas.

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