Cuando yo era pequeño, había una TV en blanco y negro, que echaba fútbol los domingos y algún miércoles, películas de aventuras, del Oeste y religiosas en Semana Santa, y telediarios en los que salían señores muy muy serios y daban imágenes de Franco inaugurando por aquí y por allá. Luego me di cuenta de que había sólo unos cuantos periódicos –cerraron uno que se llamaba Madrid. Y había radios privadas, pero no podían dar informativos. A las 14h y a las 22h tenían que conectar todas con el diario hablado de Radio Nacional de España. Aunque estuvieran retransmitiendo la final de la Copa de Europa, tenían que interrumpir para dar las noticias oficiales. Luego comprendí que todo eso pasaba porque aquello era una dictadura.
Leo ahora sobre los medios en Venezuela. Todas las radios y las televisiones del país tienen que retransmitir los discursos del presidente. Esa obligación acaba de ser extendida a los 24 canales que emiten por cable. Además, todas tienen que suspender su programación siempre que el presidente tenga “algo que decir” a la nación. Así, la semana pasada se les obligó a retransmitir una manifestación convocada “a favor del Gobierno”. Una que se negó a hacerlo, el canal Radio Caracas Televisión, ha sido cerrada. Por incumplir la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. A todo esto, el presidente tiene su propio programa de televisión los domingos, que dura lo que a él se le antoja y es emitido por todos los medios públicos del país. Ignoro si existe algún tipo de sanción administrativa por no verlo. Porque esto debe ser una democracia, ¿no?
Cuando yo era pequeño me gustaba un juego que salía en las secciones de pasatiempos, consistía en dos viñetas repetidas una al lado de otra y se llamaba “encuentre las diferencias”.
Pues yo no encuentro ninguna. Bueno, sí: cuando éramos pequeños vivíamos en un régimen manifiestamente fascista y en Venezuela viven en un régimen fascista revestido de una orla de revolución popular. Pero en el fondo es lo mismo, me temo.