Que inviertan ellos

Ayer hablábamos de la España abisal, que no ya profunda, y me temo que hoy vamos a seguir. Nos referimos, sí, a un asunto menos dramático, pero también endémico y que viene lastrando nuestras aspiraciones como país moderno que pretende situarse en la esfera de las economías más productivas y desarrolladas. Hablamos de eso que llaman inversión tecnológica, de I+D+i… chino para algunos, demasiados. Nos viene de muy atrás, ya Unamuno se quejó del asunto. Y no remontamos. Me hago eco hoy de dos estudios recientemente presentados. En primer lugar, el realizado conjuntamente por la consultora Everis y la patronal española del sector tecnológico, AETIC, según el cual la inversión de las empresas españolas en tecnología sufrió un frenazo en 2008. Y cuanto más pequeñas son las empresas, menor inversión ¿Por la crisis? Buena excusa, pero ni en tiempos de bonanza económica nuestros indicadores fueron buenos, en comparación con los de los países de nuestro entorno. Nuestro porcentaje de gasto en TIC con respecto al PIB se mantiene tozudamente en la mitad de la media europea, y no hay quien lo levante. Se nos llena la boca –a políticos, empresarios, periodistas, blogueros y supongo que hasta a los vendedores de castañas- diciendo que la competitividad empresarial, sobre todo la de la PYME, en una economía globalizada, pasa por dotarse de herramientas tecnológicas que les permitan abrirse mercados, buscar nuevos clientes, ofrecer servicios y productos con mayor agilidad y, en fin, competir de tú a tú con las grandes y con las de otros países, que a su vez entran en nuestro mercado con esos mismos argumentos. Pero seguimos a pedales, creyéndonos que con tener un ordenador, un Office o similar, conexión a Internet y un teléfono móvil ya hemos cubierto el expediente, ya hemos aprobado la asignatura. Porque nos creemos que esa asignatura es una “maría”, que llamábamos antes. Y así nos va. El otro estudio, presentado la semana pasada, es el informe de la Comisión Europea sobre inversión en I+D+i. Si nos atenemos al ranking de las empresas que más invierten, convengamos que en tenis estamos bastante mejor. Nuestro número uno es, como era de esperar, Telefónica. Pero es la 130 del mundo y la 40 en Europa. Entre las 1.000 primeras europeas, solo figuran 21 empresas españolas, por 247 del Reino Unido, 209 de Alemania o, por referirnos a países más pequeños, 58 de Finlandia o 53 de Holanda. El conjunto de la inversión empresarial española en I+D+i fue de 1.470 millones de Euros en 2008 –un 9,4% más que en 2007-, pero la alemana fue de 45.097 millones -30 veces más-, la del Reino Unido 19.762 millones -13 veces más -, la holandesa 9.702 millones o la italiana 6.565 millones.  Vamos que la Copa Davis del I+D+i, ni olerla. Pues este es el panorama, desgraciadamente nada nuevo bajo el sol.  Estamos hablando ahora de cambiar el modelo productivo, de economía sostenible, de fomentar la innovación… y unos decimos que ya era hora, otros que no terminamos de creérnoslo y otros incluso –algún ex presidente – se mofan de la idea, porque seguirán creyendo que la economía del ladrillo es la mejor y única posible, y lo demás son paparruchas. Mientras tanto, siguen inventando ellos, siguen invirtiendo ellos.

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