El nuevo misterio de Alejandría, ¿incendiada o digital?

Por lo menos se abren puentes al debate. La gestión y reconocimiento de los derechos de autor en la era digital es un asunto muy controvertido y afecta a todos los sectores e industrias relacionadas con la creación: los libros, la música, el cine, el software… pero además tiene un gran alcance social y un papel determinante en el futuro de esto que llamamos la cultura en esto que llamamos Planeta Tierra. No es fácil aceptar que bienes y conocimientos transferidos mediante unos determinados medios, en general asumidos por todos, durante años, décadas y hasta siglos, ahora dispongan de un canal de difusión mucho más potente, veloz y universal que cualquiera que haya existido antes jamás. Es mucho menos fácil, además, si quien o quienes tenían la misión de ver venir este nuevo escenario y prepararse para un posible, pequeño o gran cambio, prefirió ignorarlo y encomendarse a eso de que bien-está-lo-que-está-y-como-está. Y ahora tenemos a todo el universo de la cultura –la del planeta- enfangado en un inmenso pantanal del que nadie se pone de acuerdo en cómo salir, pero seguro es que no todos van a poder salir sanos y salvos. Unos optan por dar preponderancia a la modernidad, apostar ciegamente por Internet como medio de intercambio cultural, cueste lo que cueste, aun considerando los derechos de autor como algo menor, una incomodidad que conviene saltarse. Otros optan por enrocarse, no aceptar cambios e incluso, a falta de más argumentos, negar la existencia de la Red, lo que hoy equivaldría a negar la existencia de las carreteras, los aeropuertos o las sucursales bancarias. Los hay que buscan soluciones intermedias, proponen negociar, entenderse, que todos salgan ganando de una u otra manera. Ayer la Comisión Europea abordó esta cuestión en lo referente al libro, y reunió a las partes interesadas en el mundo editorial, esto es, a autores, editores, libreros, bibliotecarios y gobiernos. Se planteó la necesidad de adaptar la legislación europea sobre derechos de autor a la era digital. Lógicamente, como se puede leer con más detalle en las crónicas de hoy, el debate está enconado, las posturas alejadas. La Comisión entiende que este es un esfuerzo que debe realizarse entre el sector público y las empresas privadas, y llevó a la Cámara el ejemplo de Google y su acuerdo alcanzado con los editores y autores americanos para digitalizar y comercializar millones de libros de dominio público. Pero esa iniciativa a unos les gusta y a otros no, y entre quienes no, claro, están los competidores de Google, entre ellos Hachette, y también Microsoft o Yahoo, que entre otras razones ven con recelo los inmensos beneficios que esta operación le puede reportar a la compañía líder en búsquedas en Internet. Pero lo cierto es que alguien ha propiciado el debate en serio, y si esto no es sólo un gesto de un día de septiembre o un sonoro evento operístico de la Comisión Europea para lucirse, si tiene continuidad, terminará por arrojar soluciones que urgen a todos, y en primer lugar a los usuarios, a los consumidores de la cultura. En otras industrias ni se han planteado siquiera dirigirse la palabra, y ahí andan enfrascados en denuncias, juicios, declaraciones intempestivas  y, mientras tanto y por cierto, todos perdiendo dinero a mansalva. Como aquí incluyo enlaces a diferentes crónicas, creo que muy ilustrativas sobre el asunto, cada uno podrá formarse su propia opinión (genial, se esté de acuerdo o no, la reflexión que hace la directora de la Biblioteca Nacional en El País, que además me ha dado una idea para titular este artículo). Pero yo me estoy fijando en un “pequeño” detalle: en todas las industrias y sectores en los que se libra esta batalla, se dan básicamente dos bandos, los que consideran Internet una oportunidad y los que lo ven como una amenaza. Entre los primeros, los que lo consideran una oportunidad, casi siempre suelen estar los autores –en nombre de cuyos derechos se entiende que está montada toda la controversia- y los usuarios; en el otro lado, los que casi siempre están son los libreros, las discográficas, las productoras… es decir, los intermediarios. Muy curioso. No sé por qué será…

Libro Digital, El País

Libro Digital, El Mundo

Opositores a Google, Cope.es/Tecnología

1 comentario

  1. Esto es economía pura y dura. Internet es una oportunidad y una realidad que no la pueden parar ya….. por lo que tendrán que echarle imaginación. Lo de los derechos de autor es igual que lo de las frutas y verduras. El agricultor recibe 50 céntimos y el consumidor paga 3 euros por kilo de tomates, por ejemplo….. Los agricultores lo pueden vender directamente, pero se cargan toda la cadena de intermediarios y miles de puestos de trabajo y ahí entran los poderes fácticos y los gobiernos detrás…. Los autores reciben 1 euros por ejemplar y el libro cuesta 20… si me lo saco de internet no hay casi gastos y le puedo pagar al autor 3 euros y se forra….y yo ahorro (autor y consumidor se benefician) pero nos cargamos la industria y entran los poderes fácticos…. etc… LA DIFERENCIA ES QUE UN TOMATE NO LO PUEDO PIRATEAR NI DESCARGAR POR LA RED Y LA CULTURA SI Y A ESO NO HAY DIOS QUE LE PONGA PUERTAS…… ASI QUE, O LE PONEN IMAGINACIÓN O LA INDUSTRIA DE LA CULTURA (NO LOS AUTORES) SE VA AL TRASTE……. Un ejemplo: ¿después de pagar 80 euros por ver a U2 no nos pueden dar un código con la entrada para bajarnos el disco pagando 2-3 euros??????? PUES NO Y LA GENTE LO PIRATEA CON TODA LA RAZÓN YA QUE LES HA PAGADO UNA PASTA……… ECONOMÍA PURA Y DURA….
    PD: ¿PARA CUANDO UN PROGRAMA QUE PERMITA MANDAR TOMATES E INCLUSO GAZPACHOS POR MAIL????? EL FUTURO ES SORPRENDENTE

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