Lunes de agosto

Sí, hoy ni siquera es lunes de retranca. Es lunes de agosto. Acabamos de regresar de un corto viaje, salimos otra vez en breve. También corto. Pero hoy estamos en Madrid, en este Madrid de agosto que alguien dijo que era como Baden Baden. Bueno, ya no es como antes. Ya no cierra la ciudad del 1 al 31, pero justo estos días sí se notan las ausencias. Las físicas. A mí el que me ha cerrado es mi ordenador, que se me marchó a hacerse un lifting antes del primer viaje y a la vuelta sigue sin estar. Y no tiene pinta de volver porque aprovechando se está haciendo una reducción de cadera. Es duro un fin de semana de agosto en casa, pero angustioso sin ordenador. Insoportablemente solitario. Parece mentira que nos sintamos tan despojados sin él. Desinformados. Incomunicados. Irrelevantes ante el mundo. En fin, estamos en Madrid un 3 de agosto. El año pasado también, de hecho me tiré todo el octavo mes aquí. Hace dos años este día me sorprendió en Lisboa, trepando por las pendientes del Barrio Alto; hace tres, en Opatja, en la península de Istria, cuando nos alojamos en aquel hotel en el que alguién de Bilbao aseguró notar fenómenos poltergeist (ver Croacia Express en el post «Visite Croacia» en este blog). Sí, lo normal es estar por ahí en estas fechas. Y cuando te toca estar aquí, te notas extraño. Especialmente si es entre viajes. Estás en casa, pero de paso. Very strange, que diría la canción. A la vuelta de mi próximo viaje, miraré la agenda de eventos del mes de agosto. Mundial de Atletismo, partidos veraniegos, Master de Montreal… y luego la agenda de todo lo que tengo que hacer para preparar un caliente otoño. Bueno, no está mal hoy para haberlo hecho sin ordenador, desde el locutorio, así, improvisando. 3 de agosto, please don’t forget.

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