El Tour siempre vence…

Y esta vez también. A Eddy Merckx no le derrotó Bernard Thevenet en el 75 ni a Induráin el inefable Riijs en el 96. Les venció el Tour, que al final puede con todos. También con Hinault, con Anquetil… Pero no a Amstrong, que había perpetrado la afrenta de marcharse invicto tras ganarlo siete veces consecutivas. Pero el Tour es grande, y además mágico. Con el texano se encomendó a aquello de «si no has podido de una manera, inténtalo de otra». Y utilizó sus dotes de seducción. Le citó de lejos, de muy lejos en el tiempo y en el espacio. Y consiguió atraerle de nuevo hacia sí, hacia sus puertos, su calor, su impronta monumental. Amstrong volvió… y el Tour le derrotó por fin. Ahora dice que volverá el año que viene. Pero sabe que ya será muy dificil, imposible. El Tour también fue más fuerte que él. También será un día más fuerte que Contador, pero esta es otra historia. Volveremos sobre el tema.

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