Fuera máscaras

Así se titulaba el artículo que el gran Simón Rufo publicó en As al día
siguiente de la primera etapa alpina del Tour del  77. Mira por dónde me he
ido a acordar hoy de ese artículo, de hecho me acuerdo a menudo, pero además también de ese Tour, quizás porque en cierto modo aquella edición guardó sus similitudes con esta que estamos viviendo. En el Tour, como en la Vuelta y el en Giro, casi siempre hay un día de “fuera máscaras”, ese en el que se revelan los verdaderos candidatos a la victoria final y se rinden a la evidencia quienes se habían mantenido arriba por circunstancias de la carrera o los que contaban más por su nombre que por su estado real de forma. Como decía José Miguel Echávarri, es el día en el que «ya sabemos quién no va a ganar”. Lo que sucede es que esta vez, como en ese Tour del 77, ese “fuera máscaras” ha tardado demasiado en llegar. En aquella ocasión fue una cronoescalada, entre Morzine y Avoriaz, la que puso de manifiesto que los nombres de ese Tour iban a ser Thevenet, Van Impe,
Kuiper y Zoetemelk, y tenían una semana para jugárselo. Se supo que Eddy
Merckx ya nunca iba a poder conquistar su sexto Tour. Al final de ese año se
retiró. Y que Dietrich Thurau, líder desde el prólogo y durante las dos
largas primeras semanas, estaba todavía verde aunque sí se perfilaba como un potencial campeón en el futuro. Luego, nunca lo fue. En 2009, también en el domingo que precede a la última semana, los 9 Km de ascensión a Verbier han destapado el verdadero rostro de la carrera. Después de dos infumables semanas de “Tour catenaccio”, hoy hemos constatado–aunque lo presumíamos ya- quién es el verdadero patrón de la carrera, no otro que Alberto Contador, salvo desfallecimiento, accidente o cualquier otro imprevisto que, ojo, en el Tour siempre puede sobrevenir. Y sobre todo, ya sabemos que Lance Amstrong ha vuelto al Tour para ser derrotado, como derrotados terminaron siendo Hinault, Induráin o el propio Eddy Merckx. Ni siquiera es el texano el segundo mejor del pelotón, y si consigue esa plaza en el podio de París será principalmente gracias a al hecho de correr arropado en el equipo infinitamente más fuerte que los demás. Sin quitarle méritos, conste, que ya está bien con mantenerse ahí a los 38 años, después de tres inactivo. Pero no podrá evitar que hoy, día de descanso, del Armstrong que más se hable sea del que pisó la Luna.

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