Nuestro lunes de retranca empieza hoy en Londres, viaja a Francia y termina en Laguna Seca, California. Vamos allá:
Ausente Nadal, ¿ha retrocedido el tenis cinco años? Hay quien podrá pensar eso, a la vista de que la final de Wimbledon la han disputado ayer los mismos dos que en 2004 y 2005. Precisamente Nadal sustituyó a Roddick como desafiante de Federer en 2006 y 2007, para terminar venciéndole en 2008. Y en 2009 hemos vuelto a las andadas. Hombre, es verdad que la lesión de Rafa ha provocado un cambio de escenario y ha roto no pocos esquemas, a unos les ha desconcertado y a otros les ha aclarado las ideas. Pero también es verdad que Federer siempre ha estado ahí, lleva cinco años llegando como mínimo a las semifinales de todos los Grand Slam, y aquí tampoco ha fallado. Luego están Djokovic y Murray, jugadores rutilantes que sin embargo llevan camino de quedarse en eternos aspirantes. El serbio no está al nivel del año pasado, al menos eso cantan los resultados, y el escocés empieza a transmitir sospechas de que en las grandes citas se diluye. Pero es que además este ha sido el Wimbledon de los «resucitados»: Ferrero, Hewitt… y sobre todo Roddick, que cuando parecía haber enfilado la cuesta abajo, está firmando una campaña excepcional: semifinales en Australia, cuartos en Roland Garros y este Wimbledon en el que ha dado lo mejor de sí mismo. Y así hemos tenido una final Federer-Roddick en la Catedral, un lustro después. Una final intensa, enconada, con más juegos que nunca, con un quinto set más largo que un partido de fútbol. No tan espectacular ni bella como la del año pasado, pero jugada desde la estricta ortodoxia de dos especialistas de la hierba: equilibrada desde el servicio, decanatada en el único break conseguido por el suizo tras más de cuatro horas de juego. Ciertamente dio pena ver perder en la agonía final a Roddick, después de haber apurado hasta el límite su quizás última oportunidad de ganar en Wimbledon. Jugó como nunca contra Federer, y perdió como siempre. Posiblemente nunca olvidará ese tie break del segundo set. Ha prometido que volverá. Y qué decir de Roger. Después de los varapalos que se llevó la temporada pasada y en el inicio de esta, de sufrir un golpe de mano que se presumía irreversible, ha sabido reencontrarse y ha terminado recuperando el trono. El número uno es circunstancial, ya que viene dado por los puntos que se ha dejado Rafa postrado en Mallorca. Lo que no es circunstancial, y por lo tanto mucho más importante, es su sexto doctorado en la Catedral y su decimoquinto Grand Slam, más que ningún otro tenista en la historia. Y al igual que Nadal el año pasado, ha conquistado consecutivamente la tierra de París y el pasto de Londres, en el mismo año. Para encontrar al último en lograrlo antes que estos dos, hay que viajar en el tiempo hasta Björn Borg, que lo hizo en 1978, 1979 y 1980. Además de genial ha sido constante, y eso es tan difícil… por eso es el Rey.
Ha comenzado el Tour, y a Contador le salen las cuentas. Al estilo de lo que sucede en la Fórmula 1 ó en las motos, esta vez el de Pinto tiene que imponerse primero a sus compañeros de equipo y luego luchar contra los demás. En efecto, el enemigo está en casa. El hecho de haber distanciado en la primera contrarreloj a Armstrong y a Lipheimer le confiera una posición de privilegio, no ya por los segundos ganado sino por la sensación de superioridad que ya ha ofrecido. Ahora viene una contrarreloj por equipos que podría auparle al liderazgo, y en seguida los Pirineos. Ya no hay una contrarreloj larga hasta Annecy, en la decimoctava etapa, recién franqueados los Alpes. Y aun quedará la imponente subida al Mont Ventoux el penúltimo día, antes de París. Sí, salen las cuentas; ahora tienen que salir las piernas. A los que no les sale nada inteligente ni coherente es a los organizadores del Tour, que le han privado a Carlos Sastre de lucir su maillot amarillo en la primera etapa, como es tradición desde hace años. O como era, porque justo minutos antes de iniciarse la prueba decidieron que eso ya no vale. ¿Y si no hubiera sido un español el ganador del último Tour, como español fue en los dos anteriores y tampoco, por una razón u otra, pudieron vestirse de amarillo el primer día? En fin, comprendamos que ser francés y que gane un español en tu casa, y luego otra vez y otra… qué duro debe ser.
Me alegro mucho por Dani Pedrosa, primer español que gana un Gran Premio de Moto GP en esa montaña rusa que es el circuito de Laguna Seca. Y a lo grande, de principio a fin, aunque sufriendo al final. No venía teniendo suerte desde mitad la temporada pasada y en lo que va de esta, entre caídas, lesiones, esa moto, esos neumáticos… Es curioso que Jorge Lorenzo se rompa tobillos, clavículas… y sale a correr como si tal, que un día va a aparecer como en las historias de Mortadelo y Filemón, vendado de la cabeza a los pies como una momia y montado encima de la moto. En cambio Dani, el pobre, se rompe un huesecillo de la mano y justo es el que le impide dar gas o sujetar el manillar… y se queda sin correr. El que nunca se rompe nada porque casi nunca se cae es Valentino Rossi, que por algo será.
Como el sábado le di un buen viaje, hoy me queda Macallan para cuatro vasos. Ahí van: para Federer, Roddick, Contador y Pedrosa.
Y sigo prometiendo que hablaremos del Madrid. Un día de estos, creo que todavía tengo que beber un poco más para poder digerir toda esta empanada.